Memoria Libre: Don Luis Zambrano

sábado, junio 24, 2006

Déjenme en paz!...

El trabajador promedio gasta 2 horas al día respondiendo llamadas, correos y preguntas sin sentido. Le pedimos a Tim Dowling, en el periódico The Guardian, que escribiera al respecto – y luego nos dedicamos a interrumpirlo.

Tim Dowling
Viernes, 23 de Junio de 2006.

Traducido libremente por Jacinto Dávila.

La mañana comienza con una pantalla negra. De hecho, comienza con una advertencia de mi computador diciéndome que está – estamos – en un gran peligro porque no tenemos el antivirus instalado, aunque si lo tenemos. Luego viene el anuncio de AOL que debo aguantarme cada mañana desde que compré este computador, aunque he marcado la cajita que dice “No me muestres esto de nuevo” cada mañana desde que compré este computador.

De acuerdo con un estudio reportado por New Scientist, este tipo de distracción ingenua – emails, llamadas de colegas y amigos, gente que cae por allí, mensajes generados por el computador – nos quita más de dos horas en un día típico de trabajo. Investigadores en la Universidad de California descubrieron que esa llovizna de interrupciones les deja a los trabajadores menos de ...

Diablos!, tengo 6 mensajes de correo, la mayoría viene de esos sitios Web a cuyos resúmenes diarios nunca me he suscrito. Es sólo que mis intentos por des-suscribirme no han sido suficientemente rigurosos. Uno de los primeros correos es uno de tantos “¿cómo va eso?, de la persona que comisionó este artículo. No quiero decirle que me he gastado casi 30 minutos sopesando varias ofertas de acceso en línea para el New Scientist, antes de hartarme y decidir que sería más fácil salir y comprar una copia impresa (NT: suerte los que pueden hacer eso). Luego alguien del periódico me llamó para hablar de otras cosas. ¿Donde me quedé?.

Ah!, sí. Los trabajadores en la cultura “siempre en línea” de hoy encuentran tan difícil concentrarse en su tarea principal que muchos creen que están sufriendo de un desorden de atención deficitaria. Yo creo que eso es cierto. Al menos, esa es la impresión que me queda luego de esa lectura rápida y sumarial de ese artículo, aunque cuando volví, un poco más tarde, a buscar esa parte del comentario como que .. Un momento, es el teléfono.

Me disculpo. Por fortuna, detecté instantamente el sonido ese de una llamada de ventas no solicitada como esas de Compre YA!, y colgué de un sólo golpe. Me libré de ellos antes de que pudieran decir “hola”. Entretanto, el anti-virus que mi computadora no sabe que tiene instalado, se ha puesto a descargar unas actualizaciones. Pero, volviendo con mi tema, las quejas de esos trabajadores no son muy consistentes. De hecho, el estudio mostró que debido a esas varias distracciones, sus periódos de trabajo sostenido, ininterrumpido, duraban en promedio sólo 3 minutos. Otro estudio, producido por el Instituto de Psiquiatría el año pasado, encontró que la interrupción constante de los correos electrónicos y llamadas, tenía un efecto mayor en el coeficiente intelectual que el fumar marihuana.

El efecto de toda esa distracción puede ser severo. Una vez que su atención es interrumpida, le toma tiempo re-adoptar su línea previa de pensamiento. Si Ud es interrumpido mientras estaba tratando de recordar que era lo que suponía que debía estar haciendo, lo mejor es que lo deje así. La Universidad de California encontró que mas del 20% de las tareas interrumpidas, no sería retomadas el mismo día. Sonó el timbre. Ya vuelvo.

Era el fotógrafo, que vino a tomar mi fotografía para este artículo, luciendo distraido mientras estoy en mi escrito escribiendo tonterias, algunas de las cuáles quedarán aquí de todas formas. Suena el teléfono mientras yo simulo hablar de eso. El tipo dice, “¿Hablo con la ULA FM?”. Justo cuando el fotógrafo sale, me llega un email de mi esposa, quien está en la planta baja. Dice “¿Podrías imprimir esto?”. Entonces, me llama y como no respondo, me pega un grito. Así que déjenme imprimir lo que sea que es y prometo que volveré con este tema con una idea nueva.. Voy, voy – Mi esposa viene subiendo las escaleras..

Antes nuestra vida cotidiana interrumpía nuestro trabajo. Ahora nuestro trabajo interrumpe nuestro trabajo. Nos hemos convertido en esclavos de la tecnología de las comunicaciones que se suponía nos liberaría del afán de la oficina, de los viajes, y de las reuniones cara a cara con esos desagradables compañeros de trabajo. Hay esperanzas, sin embargo, de que la tecnología vuelva al rescate. Software diseñado para priorizar comunicaciones y evaluar su “interrumpibilidad”, está siendo probado actualmente por Microsoft (NT: Ja, Ja, Ja, Ja, Ja, Ja, !!). Podría convertirse en el equivalente electrónico de una secretaria ejecutiva, aislandole de las intromisiones innecesarias o no deseadas.

Pero la pregunta real no es como priorizamos esas interrupciones. La pregunta real es.. ¿Qué diablos hago parado aquí en jardín?. Recuerdo que alguien llamó a la puerta con un paquete y luego que hablé con alguien en mi celular. Recibí la primera “¿Cuando crees que puedas pasar por aquí?” llamada de la tarde. Luego el perro quería salir y se negó a aceptar mi promesa de mas tarde. También veo que tengo un pedacito de hilo enrrollado en mi dedo, para recordarde de .... ¿qué?

A final de cuentas, culpar a la tecnología por todas estas interrupciones o, de hecho, pedirle que nos salve, puede que sea todo un error. A pesar de que es cierto que es más fácil interrumpir a alguien con el correo electrónico que en persona, el estudio de la Universidad de California, encontró que la mitad de las distracciones que experimentamos en un día típico de trabajo, son auto-inflingidas: enviando emails, llamando, jugando con la papelera, molestando a los colegas ocupados o, en mi caso, viendo cada programa de mi casa, tu casa, completico.

De vuelta en mi oficina, hay varios correos de varias compañías de quienes he ordenado varios productos, todos diciéndome que he llegado a alguna etapa intermedia insignificante de la transacción. Recibo la segunda “¿Cuando crees que puedas pasar por aquí?” llamada de la tarde. I miro alrededor por el pedacito de papel sobre el que medio garabatié esa brillante idea que tuve para el último párrafo. Mi esposa me llama desde una tienda para preguntarme si quiero una camisa nueva ¿En que momento salió esa mujer?. Quizás deje el papelito abajo.

No lo encuentro en ninguna parte. Pero, por algunas razón, estoy de nuevo en el jardín, escuchando el repique distante de mi teléfono en la oficina y mirando la matica de tomate que está como guindando de un lado. Creo que quiere que la arregle. Ah!.. para eso debió ser el pedacito de hilo que cargaba hace rato.